La silla era un mueble habitual entre la nobleza del Antiguo
Egipto, representada en bajorrelieves y pinturas desde las primeras dinastías,
en el tercer milenio antes de nuestra era.
Bajorrelieve de Neferetiabet, con mesa y silla. Dinastía IV
de Egipto, c. 2600 a. C.
Las sillas de Grecia y España se conocen por los relieves y
las pinturas que las representan con pies, ya encorvados, ya normales, o con
garras de león, cuyo respaldo curvo y oblicuo se remata con una palmeta. Las
sillas romanas imitaban a las griegas, y cuando tenían respaldo se llamaban
cátedras. De las sillas de honor sin respaldo y con asiento mullido, se conocen
dos clases:
* biselium, se trataba de una silla muy alta, recta y con
capacidad para dos personas.
* silla curulis (silla curul), tenía los pies encorvados y
era plegable o de tijera. Era utlizada por los cónsules y ediles.
Desde principios del siglo XVI aparecen la silla y el sillón
clásicos españoles rectangulares, sobrios, llevando telas bordadas, terciopelos
o guadameciles sujetos con clavos de adorno en el asiento y respaldo y que tan
extendidas se encuentran en España en los siglos siguientes. En el XVIII con la
dinastía borbónica se va imponiendo el gusto francés de las butacas y demás
sillas o sillones acolchados.
Las sillas de paja o anea en el asiento se usan desde el
siglo XVI y las de rejilla desde el XVII. En este siglo y el siguiente estuvo
muy en boga para reyes y nobles la silla portátil o de manos, a modo de coche.
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